“Donde no hay visión, el pueblo se desenfrena; pero bienaventurado es el que guarda la ley.” — Proverbios 29:18
El pasado martes 25 de noviembre obtuve finalmente mi cédula profesional como médico general. Apenas un día después, a primera hora de la mañana, ya me encontraba sentado en las oficinas locales de Fundación Best firmando contrato para iniciar labores esa misma tarde en un consultorio anexo a farmacia. Un inicio inmediato, casi abrupto, pero profundamente necesario.
En días como estos, uno comprende, con crudeza pero también con claridad, que nadie vendrá a construir tu camino. Hay que abrirlo. Hay que insistir. Hay que seguir andando.
Es complejo, a veces para un recién egresado abrirse paso en un entorno hostil, cambiante y competitivo. Y lo admito: trabajar en un consultorio anexo a farmacia no es glamuroso ni te da prestigio. También despierta miradas de desdén y gestos de lástima que vienen acompañadas por frases condescendientes. Lo he visto. Lo he sentido. Ya me lo han contado y ya lo he vivido. Desde terceros, en el diálogo con los colegas y también, ocasionalmente, hasta de algunos pacientes.
Pero el poco tiempo que he pasado en ese pequeño consultorio me ha recordado una verdad simple y poderosa: la medicina, en su forma más pura, no necesita adornos — una disciplina humana, austera y profundamente real, que exige presencia, criterio y carácter.
- Resolver problemas reales en tiempo real.
- Escuchar con atención.
- Decidir con claridad.
- Prescribir con criterio.
- Actuar con ética incluso cuando nadie está mirando.
- Tolerar la frustración.
- Permanecer firme.
Tan solo siete días de trabajo han sido suficientes para comprender que esta oportunidad —lejos de lo que muchos han intentado hacerme creer que es poca cosa— me exige destilar toda mi formación médica a favor del prójimo. Me asombra todo el conocimiento práctico que he tenido que memorizar en tan poco tiempo para poder. Este trabajo, el cual resulta "demasiado sencillo" para algunos, cada día me sorprende, me transforma y me beneficia. Me está convirtiendo en un mejor médico y, más aún, en un mejor ser humano.
Y es ahí, entre cada paciente al que puedo ayudar, dónde encuentro una especie de calma sagrada, una confirmación silenciosa de parte de Dios, que estoy justo en el lugar exacto donde debo estar.
“Todas las cosas tienen dos asas: una por la cual pueden sobrellevarse y otra por la cual no.Si alguien te hace daño, no tomes el asunto por el asa del agravio, pues así la carga es intolerable; tómalo por el asa de la fraternidad, de lo compartido, de lo humano.Solo entonces podrás cargarlo.”
La vida cambia cuando cambia el enfoque. La madurez llega no por evitar las dificultades, sino por aprender a tomarlas por el asa correcta.
Ayer una puerta se me cerró. Pero muchas más se abrieron. Y hoy camino hacia ellas con serenidad.
“Las cosas no se mueven por sí mismas; nada se mueve si nadie se mueve.”
Fecha: Diciembre 2025
Etiquetas: Nuevos comienzos, Medicina, Estoicismo, Consultorio médico, Clínico, Reflexiones
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